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  • 29 Ene 2009

    ¿Los puteros no tienen crisis?

    Leo, primero con sorpresa, luego con estupor y más tarde con absoluta indignación un artículo publicado por El Mundo titulado La crisis provoca un aumento de prostitutas españolas. Como subtítulo: La situación saca del negocio a las meretrices extranjeras. Es decir, con el mismo tratamiento que si se tratara de la producción de automóviles en Barcelona o Tánger.

    No deja de sorprenderme ese tratamiento de la prostitución como un “negocio” o “actividad económica” más. Es decir, ante la necesidad económica, cualquier mujer puede recurrir a vender su cuerpo, es una opción válida. No seré yo quien cuestione las libertades individuales ni mucho menos quien incorpore ningún tema moral todo lo contrario, lejos de esos planteamientos, lo que me sorprende es el grado de cinismo y desinformación. ¿Aún no sabemos que la inmensa mayoría -en torno al 90 por ciento- de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen atrapadas por redes mafiosas y grupos de trata de personas? ¿Aún nos creemos que “hacer un servicio” -menuda expresión- es lo mismo que tener una noche de pasión, un romance o simplemente echar un polvo con quien una quiera? ¿Aún desconocemos el trato que se les da a las prostitutas, en qué condiciones satisfacen los deseos de los tipos que abusan de su situación? ¿Estamos todos y todas pensando en caballeros bien vestidos, educados, que huelen bien y las tratan como si fueran el amor de su vida? Es decir, ¿de qué demonios estamos hablando, de Hollywood o de las calles, descampados y polígonos industriales de nuestro país?

    Y si nos ponemos cínicas y hablamos en términos económicos ¿Cómo es posible? ¿Es que los puteros no tienen crisis? ¿Están sufriendo la crisis solo las mujeres? ¿Es que los señores continúan gastando el dinero en abusar de la situación de las mujeres y no en las necesidades de sus familias, empresas, sociedades…?

    Decididamente, la prostitución es la cuestión sobre la que se habla con la mayor desinformación, impunidad y cinismo en nuestros medios y en nuestras sociedades.

     Para rematar el artículo, el periódico pone como destacado: Entran amas de casa con necesidades económicas. ¿Todavía seguimos utilizando los tópicos y estereotipos? ¿Qué se quiere decir con amas de casa? ¿Es una categoría social, económica, psicológica; es que todas las amas de casa son iguales?

    Hay días en los que una, al leer la prensa, no puede dejar de preguntarse quiénes son esos señores que escriben y dirigen los periódicos, para quién lo hacen y en qué mundo viven. ¿Algún día pensarán cinco minutos antes de teclear sin un mínimo de reflexión sobre tantas mentiras repetidas día tras día? ¿Cómo conseguiremos que no se permitan las informaciones sin rigor, sin cuestionamientos, sin dudas, sin contrastar, sin verdadera información, en definitiva?

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  • 28 Ene 2009

    Algunas preguntas impertinentes

    ¿Qué ha pasado en este país para que quienes hacen huelga sean pilotos, controladores aéreos, jueces y juezas…? Es decir, quienes tienen ingresos muy muy superiores a la media.

    ¿Por qué cada vez que la Conferencia Episcopal abre la boca tiene todos los micrófonos a su disposición? ¿Hay otro colectivo que diciendo tantas barbaridades (en todos los sentidos del término: inexactitudes, afirmaciones carentes de rigor científico, expresiones irrespetuosas, alegatos en contra del marco constitucional compartido por toda la ciudadanía…) se le tenga mínimamente en cuenta? ¿Por qué los mismos medios que afirman que el gobierno está subyugado por el poder de la iglesia son tan colaboracionistas con expandir las ocurrencias de los obispos?

    ¿Por qué tiene tanta aceptación lo excepcional?

    Millones de mujeres en todo el mundo sufren violencia de género. Millones de mujeres en todo el mundo son asesinadas por hombres. ¿Por qué lo que más nos preocupa es que haya algún hombre que sufra violencia por parte de alguna mujer? Es más, millones de hombres en el mundo son asesinados por hombres… ¿por qué consideramos tan importante que una mujer sea una asesina?

    Miles de mujeres en este país están discriminadas en el deporte. No hay competiciones oficiales en muchas disciplinas, no hay publicidad para ellas, no hay retransmisiones en televisión… por no haber no hay ni palabras. Ellas siempre son “las chicas del balonmano”, “las chicas de (póngase el nombre de cualquier entrenador”, las reinas de la pista, las chicas de oro (plata o bronce), las sirenas… Sin embargo, hay un muchacho que no puede practicar gimnasia y se lleva todas las preocupaciones mediáticas, es más, nos sirve para interpelar el trabajo a favor de la igualdad ¿¿¿¿???? Es más, nos sirve para interpelar el trabajo de siglos a favor de los derechos humanos (humanos, es decir, de hombres y mujeres) y a favor de las democracias (democracia, es decir, el poder del pueblo, hombres y mujeres).

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  • 20 Ene 2009

    Por una vez, El Pais se comporta como un periódico moderno en cuanto al género

    El periódico El País, tan pretendidamente progresista, no ha sabido -porque probablemente no ha querido- ser mínimamente ya no abanderado, siquiera actual en cuanto a las mujeres y al género se refiere. Prácticamente en este aspecto en los últimos años no mantiene diferencias con sus competidores del espectro político de derechas. Tan cavernícola es esta cabecera respecto a la actualidad y la vida de las mujeres que no puedo dejar de reproducir un reportaje que, por fin, entra en la “normalidad”. ¿Será que en este caso han tocado a la ministra Chacón? Espero que no sea una excepción y que definitivamente El País entre en el siglo XXI. Ahí va el reportaje:

     

    Nadie hablaría de esto si fuéramos hombres.

    Su ropa, su peinado y su historia familiar. ¿Por qué se cuestiona a las mujeres en política sobre su aspecto o vida personal?

    NATALIA JUNQUERA 20/01/2009

    Para que Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior (por nombrar a uno), hubiese generado un volumen de comentarios sobre su atuendo el día de la Pascua Militar similar al de la ministra de Defensa, Carme Chacón, probablemente tendría que haber acudido al acto vestido con una falda.

    Para que Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior (por nombrar a uno), hubiese generado un volumen de comentarios sobre su atuendo el día de la Pascua Militar similar al de la ministra de Defensa, Carme Chacón, probablemente tendría que haber acudido al acto vestido con una falda.

    La ministra pronunció ante el Rey un largo discurso; explicó, entre otras muchas cosas, los cambios que conllevaba la Ley de Carrera Militar, las últimas adquisiciones de armamento o el estado de las misiones en el exterior. Pero lo que inspiró ríos de tinta, de lo que se habló sin cesar desde aquel día, fue de su pantalón, su chaqueta y su sombra de ojos. En un primer momento, la polémica se justificó en una supuesta violación del protocolo, que exigía a las mujeres “vestido largo”. Pero en cuanto la propia ministra aclaró que el atuendo había recibido el visto bueno de la Casa del Rey, el asunto quedó reducido a lo que era: otro debate sobre el aspecto de una política. El enésimo.

    Podría parecer que la polémica era absurda, y que, por ridícula, era inocente e inofensiva. Y que llamar “María Teresa Fernández de la Vogue” a la vicepresidenta tras aparecer en un reportaje en una revista de moda, o “Carme la del bombo” a la ministra de Defensa cuando estaba embarazada, eran juegos de palabras más o menos ingeniosos, gamberradas sin importancia.

    La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, cree, sin embargo, que en esas críticas está uno de los retos de su ministerio. “Tengo la responsabilidad de poner de manifiesto esta diferencia injustificada y gratuita de trato para intentar que, en el futuro, la situación vaya cambiando y no les suceda a otras. Debo hacerlo aun sabiendo que visibilizar esta diferencia de trato traerá nuevos ataques de las mismas minorías que se resisten a los cambios”.

    Con un esfuerzo de siglos y la aplicación de leyes de discriminación positiva, las mujeres han conseguido conquistar los puestos de responsabilidad. Pero en el escaño de diputada, en el sillón de ministra, arrastran aún el pecado original de ser mujeres y, en penitencia, se las despoja del apellido (Soraya, Maleni…), y se les piden explicaciones de cómo se visten, de cómo cuidan a sus hijos, o por qué no los tienen. ¿Por qué?

    Chacón interpretó el revuelo provocado por su atuendo en la falta de costumbre y la resistencia al cambio. “300 años tiene nuestra Pascua Militar; por primera vez una mujer da un discurso al Rey y algunos han creído que de lo que se debía hablar era de la ropa que llevaba la ministra”, contestó en una entrevista en Cuatro a Iñaki Gabilondo.

    Para Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral de la UNED y autora, entre otros, de Ética contra estética y La política de las mujeres, todo obedece a “la fuerte inercia patriarcal, que mueve aún el planeta Tierra”. “Está en las costumbres, en cómo hablamos y pensamos, y la tienen igualmente los dos sexos”. Frenar esa inercia será “un esfuerzo de varias generaciones”. Pero es optimista. “Cada vez que se produce un episodio como el de Chacón se abre un debate y, generalmente, después se avanza. Funcionan como un termómetro, porque son pruebas que nos dan la temperatura moral de la igualdad. El patriarcado es muy severo, pero todo eso ha empezado a romperse. Antes te echaban de misa si ibas con pantalones. Las mujeres se han empeñado en ser libres, y acabarán siéndolo”.

    “Se siguen cuestionando, destacando y analizando aspectos relacionados con la vida privada de las políticas, su vestuario, su peinado y otros elementos superficiales que nada tienen que ver con su valía profesional”, señala Aído, “y eso se produce con independencia de la afiliación política de las protagonistas”. Nunca Esperanza Aguirre había defendido con tanta pasión a un miembro de las filas enemigas como cuando se identificó con las críticas al pantalón de Chacón: “Me indigna que sea motivo de discusión lo que nos ponemos y cómo nos cortamos el pelo… Eso no pasa con los hombres. Todo lo que lleve puesto una ministra del Gobierno me parece correctísimo”, zanjó.

    Un repaso a los últimos números de las revistas del corazón confirmaba que, al contrario que sus colegas masculinos, la responsabilidad política implica para las mujeres, españolas o extranjeras, el sacrificio de su vida privada. Rachida Dati, la ministra de Justicia francesa, resolvía páginas en todas las publicaciones. Por haber salido del hospital en el que había dado luz a su hija “vestida para no perderse el Consejo de Ministros”, por hacerlo “con tacones de aguja”, por su baja maternal y por no haber querido revelar el nombre del padre de la criatura -el servicio de espionaje marroquí intentó averiguarlo y la lista de candidatos incluyó al ex presidente del Gobierno José María Aznar-. También se hablaba de “El nuevo amor de Trinidad Jiménez” (secretaria de Estado para Iberoamérica), y por supuesto, del incidente Chacón.

    Pilar López Díaz, profesora de Ciencias de la Información, llama la atención sobre lo siguiente: “Mientras todos estaban ocupadísimos criticando el traje de la ministra de Defensa, el hecho de que se llevara a una stripper a la cárcel de Picassent para que actuara delante de algunos hombres que habían violado o matado a mujeres, precisamente por verlas como un objeto sexual, por no respetarlas, pasaba casi desapercibido. Mercedes Gallizo recibió muchas menos críticas por esto que la señora Chacón. Me sorprende”.

    La polémica sobre el pantalón de la ministra seguía viva aún en las revistas cuando un diario generalista publicó en portada una fotografía de Soraya Sáenz de Santamaría retratada, según explicó su director, “a lo femme fatale”, sobre un titular que decía: A solas con Soraya. En la imagen, en blanco y negro, la portavoz del PP en el Congreso aparecía recostada en la habitación de un hotel, vestida con un traje de noche y descalza. Según el diario, la imagen reflejaba “las contradicciones de la propia Soraya” (siempre Soraya), y otra cosa más: “Puesto que Zaplana nunca se fotografió en tanga -comparaba el diario- es obvio que este retrato de Soraya [nunca Sáenz de Santamaría] demuestra que las fantasías y las aspiraciones de muchas mujeres son distintas que las de la mayoría de los varones”.

    Las aspiraciones de las mujeres, aclaró Aído, que la semana anterior se encontraba en ese periódico con un reportaje sobre su novio, son las siguientes: “Que se nos juzgue por nuestra gestión [...], por si cumplimos o no nuestra palabra y nuestros compromisos. Que se nos mida con los baremos y criterios que se aplican a cualquier hombre”.

    Ninguna de las colegas de la portavoz del PP cayó en la trampa de criticarla. Tampoco sus compañeros, al menos en público. José Luis Arceo, catedrático en la Complutense especializado en Comunicación Política, interpretó en la imagen “un intento de afianzar la idea de mujer libre y poco cercana al ala ultra del PP”, pero aventuró que “no dejarán de lloverle críticas por esto”. López Díaz, por el contrario, consideró que Sáenz de Santamaría había pretendido ofrecer una “imagen tradicional de una mujer que, antes de nada, es mujer, y que le gusta agradar”. Y expuso como ejemplo contrario a Hillary Clinton. “No ofrecía la más mínima posibilidad a que la consideraran una mujercita. Si un periodista le hubiera pedido que saliera de detrás de la mesa de su despacho para que cruzase las piernas y se hiciera una foto, le habría dicho que la foto se hacía detrás de la mesa en la que trabajaba, porque ésa era la imagen que quería dar”.

    Preguntada sobre qué deberían evitar ellas en política, Paz Herrera, asesora de imagen de la empresa Quémepongo, afirma: “La imagen debe reflejar la personalidad del político, pero siempre debe ser sobria y acorde a su puesto y situación. Debe reflejar personalidad, pero nunca anular el mensaje”.

    En cualquier caso, nada hace pensar que, a corto plazo, la imagen de las políticas empiece a importar tanto o tan poco como la de los políticos. Porque el problema de fondo, concluyen los expertos, es que España es aún una sociedad muy machista, en la que los políticos no son una excepción. Lo sabe muy bien Soledad Becerril, a la que Alfonso Guerra definió un día como “Carlos II vestido de Mariquita Pérez”. “Fui la primera ministra de la democracia, en 1981, y eso llamó mucho la atención”, recuerda. “Los políticos, hombres y mujeres, son reflejo de la sociedad del momento. Si hay casos de machismo entre los políticos es porque esa actitud existe en la sociedad”.

    Valcárcel va más allá: “Las mujeres son nuevas en esto y se las mira con desconfianza. Estamos en un momento de competición entre dos procesos: la renovación, que pasa porque las mujeres vayan ganando terreno en la esfera pública y les concedan por fin el derecho a la individualidad, el ser juzgadas una a una, y no como ‘chicas’; y la resistencia al cambio”. López Díaz está de acuerdo: “Las mujeres sufren más críticas porque no son bienvenidas en el terreno del poder, y la prueba es que son necesarias medidas de discriminación positiva que obliguen a listas paritarias. Muchos hombres, más de los que se cree, no están de acuerdo con su presencia en cargos públicos, de ahí que aprovechen cualquier oportunidad para denigrar y socavar sus logros con comentarios que nada tienen que ver con su labor política”. A las mujeres, añade Becerril, “se les pide mucho más”. “Incluso nosotras mismas nos dejamos llevar por la corriente de ser buenas profesionales y también estar guapas, a la moda…”.

    En ese escenario machista han surgido mujeres que parecen haber pensado “si no puedes con el enemigo, únete a él”. “Oportunistas ha habido siempre”, afirma Valcárcel. “También hay muchas que comparten ese contexto patriarcal. Mucha gente misógina lo es realmente sin querer, porque lo ha heredado”. Arceo cree también que algunas personas “ejercen de mujer, aprovechan todo este asunto de manera poco natural y eso, al ser una exageración, y ser así percibida, puede ir contra los propios principios de igualdad. Es decir, que si el objetivo es limar el machismo, con exageraciones desde el muy justo feminismo no se consigue alcanzar la meta propuesta sino, probablemente, todo lo contrario”.

    ¿Soluciones? A Becerril le gusta el ejemplo de la canciller alemana, Angela Merkel: “Se presenta tal como es: de aspecto austero, no sigue modas ni se deja torturar por la imagen. Es una magnífica profesional. Está a lo que está”.

    “Resistir”, propone López Díaz. “Vamos por el buen camino. Somos el único país europeo con una ley de violencia de género”. Valcárcel señala otra receta: “Si alguien demuestra estar en el pleistoceno moral, lo más eficaz es el ridículo, hacérselo notar”.

    © Diario EL PAÍS S.L.

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  • 18 Ene 2009

    MANIFIESTO SCUM

    Es el texto más políticamente incorrecto que se ha escrito desde el movimiento feminista, probablemente. Era muy impertinente cuando se publicó, y de eso ya hace mucho tiempo, y lo continúa siendo ahora, cuando han pasado más de 40 años.

    Me lo encontré por casualidad hace unos días en una librería y no pude resistir la tentación de comprarlo y volver a leerlo. No sabía que hacía pocos meses que se había vuelto a reeditar en castellano y fue toda una sorpresa. Aunque la sorpresa fue mayor aún cuando al releerlo comprobé que mantiene intacto su atractivo. Si se consigue superar el estilo intencionadamente repugnante, irónico y mordaz de este texto (Society for Cutting Up Men -Sociedad para hacer picadillo a los hombres-), como bien subraya Laura Macaya en la introducción a esta nueva edición, una conseguirá sonreir y disfrutar con la lucidez de Valerie Solanas a la hora de meterle el bisturí al patriarcado y a la manera que los hombres ejercen el poder.

    La sensación final es parecida a la que se queda tras la imagen de Thelma y Louise destrozando el camión. Un antídoto contra el aburrimiento, el cansancio ante el inmovilismo y el hastío de tanta violencia patriarcal.

    Como dice el comando SCUM de Barcelona: Os instamos desde este momento a permanecer así: enteras y no fragmentadas, visibles y no escondidas, seguras y no dudosas, inteligentes y no memas, gritonas y no sutiles, desagradables y no complacientes, sofisticadas y no simples, capaces y no necesitadas.

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  • 13 Ene 2009

    ¿Alguien conoce a la mujer de Solbes?

    ¿O si el ministro Bernat Soria está casado? ¿Sabe alguien cómo se llama la mujer del ministro del Interior? Mejor aún ¿sabe alguien si está casado el ministro del Interior, desde cuándo, dónde conoció a su actual pareja?

    Yo no tengo ni idea de las respuestas a todas esas preguntas y, además, no tengo ninguna curiosidad. Así debe ser. A los ministros y a las ministras hay que conocerles por su trabajo, no por sus parejas.

    Pero parece que cuando se trata de mujeres la cosa cambia. Veníamos esta semana de la resaca del revuelo informativo que se había organizado porque una mujer, la ministra de Defensa, se había puesto pantalones cuando entramos en una  información del diario El Mundo sobre el novio de la ministra de Igualdad.

    ¿Hasta dónde llegará la falta de respeto hacia las mujeres y el ninguneo sobre su trabajo?

    Como dice mi amiga Ana María Pérez del Campo, mujer sabia y combativa, “vamos a ver si hacemos un comunicado sobre las mujeres de los ministros”.

    Lo malo (que al mismo tiempo es lo que nos llena de orgullo, claro) es que como feministas compartimos y defendemos la cultura del respeto, por eso vivimos en la paradoja de trabajar para construir una cultura de paz en medio de una guerra sucia.

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  • 12 Ene 2009

    LOS SUEÑOS DEL PADRE DE OBAMA

     

    Lo reconozco, primero tuve que reponerme del disgusto de que Obama ganar a Hillary R.C. No era nada personal contra Obama, simplemente, que una vez más la etnia se había impuesto al género y como es algo habitual, una está cansada. Una vez más, la identidad es relevante mientras que no sea el sexo, el debate sobre la identidad si se refiere a mujeres está censurado, en cualquier otro término es una cuestión importante y no solo no censurada en el debate público, sino todo lo contrario. Y, lo dicho, una está cansada.

    Superado el disgusto y asumido un golpe más, una vez más, a una mujer más cualificada, con más experiencia y capacidad demostrada, me puse a leer sobre ya presidente electo Obama.

    Ya sé que Luis Arroyo ha mencionado ya el libro en esta trinchera pero, como ha sido tan breve, retomo la cuestión. Y no solo porque esté muy bien escrito y sea francamente interesante. Una biografía de un hombre ya presidente sería imposible que contuviera el grado de sinceridad que tiene ésta, escrita cuando Obama tenía poco más de treinta años. Lo menciono y recomiendo, además, por las reflexiones que contiene. Y, como feminista, por las reflexiones que contiene respecto a la cuesión racial. Está claro que es una cuestión ineludible, que explica la forma de vida de millones de personas, que esa genealogía con la esclavitud no se borra de un plumazo y la victoria de Obama significa, simbólicamente, romper con esas cadenas que aún permanecían en las mentes y los corazones.

    Explica (Obama nunca lo justifica) la ira, la violencia de miles de jóvenes, de adultos, la pertenencia a las distintas iglesias, incluso el fanatismo en algunos casos.

    ¿Y si hiciéramos el ejercicio de reflexionar en esos mismos términos sobre las mujeres, y nuestra genealogía y nuestra esclavitud, y las cadenas aún presentes y la violencia simbólica y los escasos triunfos, y la falta de respeto cotidiana y el saber que el que está a tu lado, si es hombre, siempre llegará antes a la meta?

    Lo dicho, interesante con cualquier mirada que se lea.

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  • 08 Ene 2009

    LÍO DE PANTALONES

    Durante años, en este país no hemos dejado de oir la expresión “lío de faldas” o también en su segunda versión “cuestión de faldas”. Casi todo tenía algo que ver con eso: cerrar o perder un negocio, arruinar una familia, dejar los hábitos, prosperar o tirar a la basura una fulgurante carrera política… Era una expresión muy divertida puesto que siempre se utilizaban las faldas para cosas que siempre tenía que ver solo con hombres, ellos y sus ambiciones, sus egos y sus negocios. Dejaba de tener gracia, eso sí, cuando se empleaba hasta para justificar los malos tratos o incluso los asesinatos de mujeres, que hasta para eso daba la frasecita.

    Así que resulta muy alentador para esto de la igualdad ver cómo en la Pascua militar, nada menos, lo que se ha montado es un lío de pantalones. Resulta que a una ministra (menos mal que es ministra, imagínense si ni siquiera formara parte del gobierno, vamos si fuese una del montón, sin cargo, ni responsabilidades, ni representatividad institucional, ni nada) se le ha ocurrido ponerse unos pantalones y los más distinguidos periodistas de este país han puesto el grito en el cielo. Y, en estos temas, como siempre, sin excepciones. Ni un medio nacional se ha resistido, de izquierda a derecha, del norte al sur… todos, en formación, de cabeza al siglo XIX.

    ¿Y qué ha dicho la ministra? Pero bueno ¿y eso a quién le importa? Lo relevante son sus pantalones y el maquillaje, también, claro, que por lo visto se le fue la mano y un brochazo de más es digno de un editorial porque la posición de la ministra de Defensa en la ocupación israelí de Gaza no tiene ninguna relevancia, lo que importa es si la sombra de ojos era rosa-fucsia o fucsia-violeta que está menos de moda pero que es mucho más entretenido que el número de tropas que enviamos a Afganistán.

    ¿Habrá sido una pesadilla o es verdad que nuestra prensa está formada por trogloditas?

    Yo ya no tengo dudas. Me inclino por la segunda opción.

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