Viñeta de Diana Raznovich
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25 Nov 2008¡Comenta esta entrada!
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20 Nov 2008
De aquello hace hoy 75 años. Y aquello fue que, por primera vez en este país, las mujeres ejercieron de ciudadanas. Por un día o tal vez solo por unas horas porque después de votar seguro que tuvieron que volver a sus quehaceres y a sus desigualdades, pero el día 19 de noviembre de 1933, hoy hace 75 años, en España se celebraron las primeras elecciones generales en las que las mujeres pudieron ejercer el voto. Unos días antes, las mujeres vascas lo habían hecho en el referéndum del Estatuto de Autonomía.
Me he levantado esta mañana pensando que sería noticia de primera página pero al encender la radio ni rastro de que hoy era un día histórico. Luego, convencida de que no lo encontraría en las portadas miré y remiré las páginas de los periódicos por si acaso alguna nota en el interior. Nada. Sin pena ni gloria. O más bien con mucha pena y poca gloria.
Será que estos 75 años han sido poca cosa y aún estamos homenajeando milagros y monjas en la casa de la democracia, en el lugar donde todavía no hay el mínimo 40 por ciento de mujeres pero sí, al menos, quienes se sientan allí han sido elegidos con los votos de todas y todos.
Pero hoy no he podido quitarme de la retina las imágenes de una exposición fotográfica que organizó hace unos años el Instituto de la Mujer con el título El voto femenino en España. Allí estaban. Primero las inglesas, las norteamericanas, inventándose las manifestaciones, haciendo huelgas de hambre, enfrentándose a la policía… Y más tarde, también las españolas. Organizándose. Aquella primera manifestación feminista de la primavera de 1921 por las calles de Madrid repartiendo un manifiesto a favor del derecho al voto de las mujeres. Un texto que firmaban desde Pastora Imperio a la marquesa de Argüelles o las Federaciones Obreras de Alicante. Se las veía también, a aquellas mujeres valientes, con conciencia de género, con ideología, estudiando por primera vez de forma legal y reglada. Se las veía organizando mítines, movilizando conciencias, defendiendo sus derechos. Ahí están también las fotos frente a las urnas. Las caras de susto de algunas, la felicidad de otras y, una foto especialmente hermosa. La mujer que aparece votando con su hija en brazos. La niña, muy seria, mira directamente a la presidenta de la mesa… Era el futuro.
Y hoy, solo podemos darles las gracias a todas aquellas mujeres y, especialmente, a Clara Campoamor. Pero ya sabemos que Campoamor, mujer coherente, ni siquiera pudo renovar su escaño tras las elecciones. La izquierda perdió y, la culpa, por supuesto, la tuvo el voto femenino y su precursora. Como diría ella misma, “el voto femenino se convirtió a partir de ese momento en la mejor lejía para lavar las torpezas varoniles”. Porque, cuando en la siguiente cita en las urnas, en 1936, bien organizada y agrupada la izquierda y con una buena campaña, ganó las elecciones el Frente Popular, nadie le pidió perdón.
El gobierno, eso sí le ofreció el puesto de directora general de Beneficencia del que dimitió tras realizar un viaje oficial y comprobar los efectos de la brutal represión de la Revolución en Asturias. Al comenzar la Guerra Civil se exilió y Clara Campoamor ya no pudo regresar a España antes de su muerte en 1972. Sola y olvidada. Lo primero ya no podemos remediarlo. Lo segundo, sí.
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11 Nov 2008
Pues no habría ganado las elecciones.
No seré yo quien no se alegre de la victoria del candidato demócrata. La esperanza que ha sembrado bien merece el despliegue mediático que ha recibido. Sin embargo, buena parte de las conclusiones de análisis político que han llovido tras la noche electoral como mínimo (concediéndoles buenas intenciones, que es mucho conceder), son erróneas.
El triunfo de Obama no significa, ni mucho menos, que cualquier persona pueda ser presidente de EEUU. Significa que cualquier hombre puede serlo. Y, por mucho que nuestros ilustres académicos se empeñen en convencernos de lo indefendible, hombre no incluye mujer.
Lo bueno de conocer la historia es que una no se lleva grandes sorpresas.
Ya lo decía Amelia Valcárcel en su magistral conferencia con motivo del 25 aniversario del Instituto de la Mujer, celebrada la semana pasada en Madrid:”Yo nací en el siglo XIII -que en esa época se encontraba la España de aquel momento-. Y, claro, así es muy difícil engañarme”.
Como les había ocurrido a las francesas durante su revolución, en 1789, las sufragistas norteamericanas también fueron traicionadas. Después de todo su trabajo en contra de la esclavitud, la recompensa fue que en 1866, el Partido Republicano, al presentar la Decimocuarta Enmienda a la Constitución que por fin concedía el voto a los esclavos, negaba, explícitamente, el voto a las mujeres. La enmienda solo era para los esclavos varones liberados.
Pero aún sufrieron otra traición más dolorosa si cabe. Ni siquiera el movimiento antiesclavista quiso apoyar el voto para las mujeres, temeroso de perder el derecho que acababa de conseguir.
Ante esa situación, Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony llegaron a la conclusión de que la lucha por los derechos de las mujeres dependía solo de las mujeres y en 1868 fundaron la Asociación Nacional pro Sufragio de la Mujer (NWSA). Al año siguiente, Wyoming se convertía en el primer Estado que reconocía el derecho del voto a las mujeres. ¡Tan solo 21 años después de la Declaración de Séneca Falls -prácticamente el primer programa político feminista y que se expresaba de forma muy rotunda en contra de la negación de los derechos civiles y jurídicos para las mujeres!
Estado a Estado y con una movilización de las sufragistas incansable y casi frenética, por fin, en agosto de 1920, el voto femenino fue posible en Estados Unidos. Es decir, el sufragismo consiguió sus dos objetivos (derecho al voto y los derechos educativos) en un periodo de 80 años, lo que supone tres generaciones militantes empeñadas en el mismo proyecto.
De todas las mujeres que se reunieron en Seneca Falls, solo Charlotte Woodward, entonces una joven de 19 años, vivió lo suficiente como para poder votar en las elecciones presidenciales de 1920.
¿Necesitaremos otros 80 años a contar desde la victoria de Obama hasta que una mujer sea presidenta de EEUU? ¿Viviremos alguna para verlo?
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11 Nov 2008
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11 Nov 2008
Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios aunque sean antiguos
Mary Wollstonecraft
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11 Nov 2008
Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen
Concepción Arenal

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