Si hay que rezar, con tal de que nos dejen en paz y respeten nuestras vidas, que algo valdrán también ¿no?
-
02 Abr 20091 Comentario
-
16 Feb 2009
El matrimonio cristiano: la institución de la violencia de género
Extracto de “Contra Eva”, de Emilio García Estébanez. Ed. Melusina. Colección Circular. Pág. 102 y siguientes.
La inferioridad y sujeción de la mujer es un principio constitutivo de la antropología bíblica enseñado en el relato de la creación, que pone a la mujer como complemento de las necesidades del varón y cifra en este género de relación asimétrica la naturaleza de la relación matrimonial. La mujer no es creada por razón de sí misma, sino, como todavía manifiesta la Carta, por razón del varón, para completarle en sus necesidades ontológicas, psicológicas y físicas.
San Pablo sanciona esta antropología y le da un refrendo dogmático al traza un paralelismo entre la relación del marido y la esposa con la relación de Cristo y la Iglesia. (…) La subordinación de la mujer es una condición necesaria para que el matrimonio sea sacramento. (…) Si la mujer fuera de igual categoría que el varón, o se arrogara esa categoría, no habría materia para el sacramento del matrimonio. (…)
El antagonismo potencial entre varón y mujer que continee la estructura jerárquica del matrimonio está llamado a materializarse en cualqueir momento, en contra de la mujer, naturalmente, dado que es el varón elque tiene el poder; si el marido tiene la responsabilidad sobre la conducta social, moral y religiosa de su mujer, es fácil que encuentre múltiples ocasiones en que ésta quebranta la norma; si la esposa le debe obedicencia y debe callarse ante sus opiniones y directrices, a pocas palabras que pronuncie la mujer, pueden parecerle irrespetuosas y llamarla al orden; si manifiesta su opinión en contra, es fácil que el marido concluya que su mujer está empeñada en llevarle siempre la contraria, etc.; en todos estos supuestos, el recurso al apercibimiento, al castigo y a la violencia está programado.
Esta función pedagógica del varón que dimana de su mayor sabiduría y prudencia, así como de la responsabilidad que tiene sobre la conducta de su mujer ente la sociedad y ante Dios, ha sido una coartada de oro para ejercer toda clase de violencias sobre la mujer. (…)
La violencia actual contra la mujer es el despliegue natural de la violencia potencial encerrada en la estructura del matrimonio cristiano; pero propio de la violencia estructural es que cuando se manifiesta en actos explícitos, estos actos violentos aparezcan interpretados y justificados como actos de otro tipo: como actos pedagógicos, por ejemplo, o como actos de responsabilidad, o como una defensa de los principios, o como una llamada al orden, etc., el marido violento no se considera culpable, ni siquiera violento, pues la estructura dentro de la cual actúa hace parecer razonable su conducta.
La perspectiva de sufrir malos tratos y la conveniencia de aguantarlos ha formado parte del ajuar que una mujer debía llevar al matrimonio. (…)
El deseo de hurtarse a la brutalidad marital y a la extrema sujeción que suponía para la mujer es, según Dinzelbacher, una de las causas, además de las religiosas, sociales y económicas, que explican el gran florecimiento de asociaciones femeninas, de conventos de mujeres y de místicas solitarias que ocurren en la Edad Media; en una sociedad en que el derecho permitía al esposo pegar a su mujer hasta el derramamiento de sangre y en que ésta no tenía, o apenas tenía, algún derecho que la protegiera frente a su esposo, al que estaba totalmente sometida, muchas mujeres veían con horror el matrimonio…
Las manifestaciones de alegría de algunas místicas famosas a la muerte de su esposo o, como en el caso de Ángela de Foliño, a la muerte de toda su familia, se pueden entender en esta perspectiva, es decir, a que gracias a que se mueren se libran de vivir esclavas de un esposo, y no en la perspectiva religiosa de que así quedaban libres para realizar su deseo íntimo de servir a Dios solo, que es como suele interpretarlo la literatura piadosa; Margarita de Oingt, una mística cartuja, escribe en una de sus obras que si Dios no le hubiera hecho ninguna otra gracia que la de no permitir que viviera en la esclavitud y sujeción de un marido, ya le hubiera concedido bastante.
… La estructura del sacramento del matrimonio, construida sobre la antropología bíblica que hace inferior a la mujer, hace imposible esa deseada armonía (en el matrimonio), como no sea a costa de la mujer, es decir, a costa de que la mujer renuncie a ser igual al varón.
-
12 Feb 2009
Con resaca aún de la visita del número dos del Vaticano, recibido con todos los honores en nuestro país, se me ha ocurrido leer por fin, un librito que me había regalado un buen amigo y que esperaba encima de la mesilla por falta de tiempo. Tiempo perdido, tengo que reconocer, porque merece mucho la pena.
Se trata de Contra Eva de Emilio García Estébanez. El autor es un fraile dominico y doctor en Teología y Filosofía que propone una tesis tan real como inédita entre los “grandes hombres” de la Iglesia. Para García Estébanez la violencia de género actual no es un fenómeno moderno (cosa que ya sabíamos), sino un mal promovido y defendido desde las Sagradas Escrituras (ahí está la novedad).
Merece la pena recorrer sus páginas desde el capítulo 1 que habla de la aversión a las mujeres por parte de la antropología bíblica hasta la página 102 donde comienza el valiente capítulo titulado “El matrimonio cristiano: la institución de la violencia de género”.
Me resisto a hacer una loa de Emilio García Estébanez por su trabajo y su honestidad, no porque no se la merezca teniendo en cuenta la impresentable postura de la Iglesia Católica y especialmente de su jerarquía respecto a las mujeres, sus derechos humanos en general y la violencia de género en particular. Lo que realmente es increíble es que entre los millones de “honorables hombres de iglesia” no haya ni el más mínimo runrún respecto a su inaceptable posición respecto a las mujeres. Como es habitual, lo que debería ser la norma se convierte en excepción.
De todas formas, gracias Emilio por este riguroso y honesto libro.
-
04 Feb 2009
No conozco casi nada que sea de sentido común.
Cada cosa que se dice que es de sentido común ha sido producto de esfuerzos y luchas de alguna gente por ella.
Amelia Válcárcel
-
20 Nov 2008
De aquello hace hoy 75 años. Y aquello fue que, por primera vez en este país, las mujeres ejercieron de ciudadanas. Por un día o tal vez solo por unas horas porque después de votar seguro que tuvieron que volver a sus quehaceres y a sus desigualdades, pero el día 19 de noviembre de 1933, hoy hace 75 años, en España se celebraron las primeras elecciones generales en las que las mujeres pudieron ejercer el voto. Unos días antes, las mujeres vascas lo habían hecho en el referéndum del Estatuto de Autonomía.
Me he levantado esta mañana pensando que sería noticia de primera página pero al encender la radio ni rastro de que hoy era un día histórico. Luego, convencida de que no lo encontraría en las portadas miré y remiré las páginas de los periódicos por si acaso alguna nota en el interior. Nada. Sin pena ni gloria. O más bien con mucha pena y poca gloria.
Será que estos 75 años han sido poca cosa y aún estamos homenajeando milagros y monjas en la casa de la democracia, en el lugar donde todavía no hay el mínimo 40 por ciento de mujeres pero sí, al menos, quienes se sientan allí han sido elegidos con los votos de todas y todos.
Pero hoy no he podido quitarme de la retina las imágenes de una exposición fotográfica que organizó hace unos años el Instituto de la Mujer con el título El voto femenino en España. Allí estaban. Primero las inglesas, las norteamericanas, inventándose las manifestaciones, haciendo huelgas de hambre, enfrentándose a la policía… Y más tarde, también las españolas. Organizándose. Aquella primera manifestación feminista de la primavera de 1921 por las calles de Madrid repartiendo un manifiesto a favor del derecho al voto de las mujeres. Un texto que firmaban desde Pastora Imperio a la marquesa de Argüelles o las Federaciones Obreras de Alicante. Se las veía también, a aquellas mujeres valientes, con conciencia de género, con ideología, estudiando por primera vez de forma legal y reglada. Se las veía organizando mítines, movilizando conciencias, defendiendo sus derechos. Ahí están también las fotos frente a las urnas. Las caras de susto de algunas, la felicidad de otras y, una foto especialmente hermosa. La mujer que aparece votando con su hija en brazos. La niña, muy seria, mira directamente a la presidenta de la mesa… Era el futuro.
Y hoy, solo podemos darles las gracias a todas aquellas mujeres y, especialmente, a Clara Campoamor. Pero ya sabemos que Campoamor, mujer coherente, ni siquiera pudo renovar su escaño tras las elecciones. La izquierda perdió y, la culpa, por supuesto, la tuvo el voto femenino y su precursora. Como diría ella misma, “el voto femenino se convirtió a partir de ese momento en la mejor lejía para lavar las torpezas varoniles”. Porque, cuando en la siguiente cita en las urnas, en 1936, bien organizada y agrupada la izquierda y con una buena campaña, ganó las elecciones el Frente Popular, nadie le pidió perdón.
El gobierno, eso sí le ofreció el puesto de directora general de Beneficencia del que dimitió tras realizar un viaje oficial y comprobar los efectos de la brutal represión de la Revolución en Asturias. Al comenzar la Guerra Civil se exilió y Clara Campoamor ya no pudo regresar a España antes de su muerte en 1972. Sola y olvidada. Lo primero ya no podemos remediarlo. Lo segundo, sí.
-
11 Nov 2008
Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios aunque sean antiguos
Mary Wollstonecraft
-
11 Nov 2008
Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen
Concepción Arenal

Suscríbete por email!





