¿O si el ministro Bernat Soria está casado? ¿Sabe alguien cómo se llama la mujer del ministro del Interior? Mejor aún ¿sabe alguien si está casado el ministro del Interior, desde cuándo, dónde conoció a su actual pareja?
Yo no tengo ni idea de las respuestas a todas esas preguntas y, además, no tengo ninguna curiosidad. Así debe ser. A los ministros y a las ministras hay que conocerles por su trabajo, no por sus parejas.
Pero parece que cuando se trata de mujeres la cosa cambia. Veníamos esta semana de la resaca del revuelo informativo que se había organizado porque una mujer, la ministra de Defensa, se había puesto pantalones cuando entramos en una información del diario El Mundo sobre el novio de la ministra de Igualdad.
¿Hasta dónde llegará la falta de respeto hacia las mujeres y el ninguneo sobre su trabajo?
Como dice mi amiga Ana María Pérez del Campo, mujer sabia y combativa, “vamos a ver si hacemos un comunicado sobre las mujeres de los ministros”.
Lo malo (que al mismo tiempo es lo que nos llena de orgullo, claro) es que como feministas compartimos y defendemos la cultura del respeto, por eso vivimos en la paradoja de trabajar para construir una cultura de paz en medio de una guerra sucia.

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