
Lo reconozco, primero tuve que reponerme del disgusto de que Obama ganar a Hillary R.C. No era nada personal contra Obama, simplemente, que una vez más la etnia se había impuesto al género y como es algo habitual, una está cansada. Una vez más, la identidad es relevante mientras que no sea el sexo, el debate sobre la identidad si se refiere a mujeres está censurado, en cualquier otro término es una cuestión importante y no solo no censurada en el debate público, sino todo lo contrario. Y, lo dicho, una está cansada.
Superado el disgusto y asumido un golpe más, una vez más, a una mujer más cualificada, con más experiencia y capacidad demostrada, me puse a leer sobre ya presidente electo Obama.
Ya sé que Luis Arroyo ha mencionado ya el libro en esta trinchera pero, como ha sido tan breve, retomo la cuestión. Y no solo porque esté muy bien escrito y sea francamente interesante. Una biografía de un hombre ya presidente sería imposible que contuviera el grado de sinceridad que tiene ésta, escrita cuando Obama tenía poco más de treinta años. Lo menciono y recomiendo, además, por las reflexiones que contiene. Y, como feminista, por las reflexiones que contiene respecto a la cuesión racial. Está claro que es una cuestión ineludible, que explica la forma de vida de millones de personas, que esa genealogía con la esclavitud no se borra de un plumazo y la victoria de Obama significa, simbólicamente, romper con esas cadenas que aún permanecían en las mentes y los corazones.
Explica (Obama nunca lo justifica) la ira, la violencia de miles de jóvenes, de adultos, la pertenencia a las distintas iglesias, incluso el fanatismo en algunos casos.
¿Y si hiciéramos el ejercicio de reflexionar en esos mismos términos sobre las mujeres, y nuestra genealogía y nuestra esclavitud, y las cadenas aún presentes y la violencia simbólica y los escasos triunfos, y la falta de respeto cotidiana y el saber que el que está a tu lado, si es hombre, siempre llegará antes a la meta?
Lo dicho, interesante con cualquier mirada que se lea.